La gran paradoja acerca del turismo en estos momentos, que no ha dejado indiferente a nadie, es la entrada en nuestro país de miles de turistas, principalmente alemanes, y la prohibición, al mismo tiempo, de desplazamiento de una comunidad autónoma a otra para los residentes en España. 

Han aterrizado en Mallorca el pasado fin de semana más de 100 vuelos procedentes de Alemania, con una ocupación casi completa y se prevé, según los datos que ha aportado Aena, que durante Semana Santa, van a llegar unos 300 vuelos diarios a nuestro país y concretamente a Mallorca, más de 500 vuelos en total. 

Gran parte de las críticas han sido dirigidas al Gobierno alemán, por no prohibir expresamente los viajes al extranjero y cerrar fronteras, como mínimo durante las fiestas de Semana Santa. 

Pero, es difícil de comprender, igualmente, que en nuestro país se admita la entrada de turistas procedentes de otros países, cuando el turismo fuera de la comunidad autónoma de residencia está vedado para los residentes en España y las reuniones de personas no convivientes están restringidas. 

La imposición de las medidas restrictivas ha sido fundamentada y motivada y las razones por las que se han adoptado son más que evidentes. Lo que no resulta tan claro es por qué los turistas extranjeros están exentos del cumplimiento de esas medidas o, mejor dicho, tienen un trato privilegiado. Una persona residente en Valencia no puede desplazarse a Madrid para visitar a sus familiares, por ejemplo, pero un alemán puede pasar la Semana Santa haciendo turismo por Mallorca, aunque oficialmente España no permita los viajes no imprescindibles desde terceros países, los turistas procedentes de Estados miembros siguen llegando a nuestras costas. 

Es evidente que el sector de la hostelería, turismo, viajes y los complementarios a estos, son los que más han sufrido y necesitan recuperar parte de las pérdidas originadas por el COVID-19, pero si lo que se sostiene es que es pronto para hacer “vida normal”, porque la incidencia aún es muy alta, hecho que aquí no se discute en absoluto, ¿por qué las restricciones de desplazamiento no operan para los no residentes en España? ¿Por qué no se ha decretado un cierre de fronteras exteriores, como se ha hecho con las de las comunidades autónomas? Sobre todo, ¿por qué se encuentran grandes grupos de turistas en pleno centro de Madrid, hasta las 23:00 de la noche, sin mascarillas, bebiendo, celebrando que las medidas en España son mucho más laxas, que las de su país de origen (como por ejemplo, Francia) y desplazándose, pasadas las 11 de la noche a pisos turistas para seguir con la “celebración”, en grupo y carentes de medidas de seguridad.